Entrevista de Premià Plus al sindicato de Premià
- ¿Qué creéis que está pasando en España?
Estamos asistiendo a una pérdida constante de derechos y de poder
adquisitivo. Hay un empobrecimiento generalizado de las clases
trabajadoras (donde incluimos también a parados y a jubilados). Quieren
dejarnos con menos fuerza, con menos conciencia y volver a tiempos
pasados. La modificación del derecho a huelga es un claro ejemplo de esa
regresión.
- ¿Dónde nace la crisis? Es, entonces, hija del capitalismo?
La crisis es inherente al sistema. La deuda es privada. La prueba
está en que ahora mismo la seguridad social tiene un superávit; es la
única cosa que funciona. El problema lo han generado las empresas y el
Estado. Organizar un sistema económico basado en dos sectores
principalmente, como es el de la construcción y el de los servicios, es
limitar mucho a la sociedad. Es esa misma sociedad la que creó también
una gran estafa. Una estafa donde se daban créditos financieros a
cualquiera, una estafa que ha hecho que se pillen los dedos y que tenga
que pagarlo la ciudadanía. Se creó una riqueza ficticia y mucha gente
se creyó que vivían más de los créditos que de sus trabajos. Las clases
trabajadoras están pagando la crisis.
- ¿Creéis que desde Europa hay una intención de empobrecer a España y a los países mediterráneos?
Por supuesto. Cuando nos situemos en un nivel suficiente como para
que se vuelva a invertir en España, se hará. Pero hasta entonces, nada.
Los países del sur seremos la obra barata de Europa y cuando pase la
crisis, estaremos en una situación mucho más baja de lo que estábamos
al inicio. Hemos de ser conscientes de ello.
El dinero que ha salido al extranjero en los últimos meses serviría
para reducir el déficit que hay. Todo ese dinero está en España pero
está mal repartido.
- ¿Cómo definirías la actitud del gobierno?
Los políticos están haciendo una muy buena faena para la patronal y
para las estructuras supranacionales. Para nosotros, el gobierno está
al servicio del capital internacional, no al de los trabajadores, por
mucho que nos pidan el voto. Son títeres y siempre lo han sido. Son
herramientas del capitalismo y de cualquier sistema que gobierne. Y con
sus reformas están hundiendo a la clase trabajadora. Tres de cada
cuatro empresas han aprovechado la nueva legislación laboral para
despedir, bajar sueldos y empeorar las condiciones del trabajador.
¿Para quién han hecho, entonces, esa reforma laboral? ¿Para el bien de
los trabajadores o para el de las empresas que se lucran y se pueden ir
quitando de encima a la gente que les sobre hasta que mejoren su
situación?
- ¿Cuál es la consecuencia de la crisis que más os preocupa?
Nos preocupa mucho la falta de conciencia de la gente. Si existiese
más compromiso social por parte de la ciudadanía, no se permitirían
los desahucios que hay, por mucho que los gobiernos dicten leyes,
porque no tendrían más remedio que hacer caso al ciudadano que toma
partido de la situación.
Creemos que la principal problemática es el paro porque determina
otros aspectos de tu vida. Si no tienes trabajo, te empobreces porque
dependes de un paro que se va reduciendo y que te lleva a una situación
insostenible. No tener trabajo provoca una exclusión laboral que
provoca a su vez una exclusión social. Y así es el capitalismo: crisis.
Una crisis en la que la gente, todavía confiada del sistema político,
el día 25 saldrá a votar. Si durante 30 años hemos estado prácticamente
parados y sin haber fortalecido organizaciones sindicales, es normal
que ahora la gente no sepa cómo moverse ante la situación. No tienen
interiorizada la habilidad de reivindicación y de lucha.
Por otro lado, sabemos que al gobierno le sirve tener un estado de
reserva, que no es más que ese grupo de trabajadores que no están
ejerciendo su labor. El problema también se da cuando no hay
información, porque es mucho más fácil para el empresario no encontrar
problemas ni respuestas en el pueblo. Se ha educado al trabajador en una
falta de conciencia, en una falta de práctica de lucha. La sociedad
avanza si la sociedad establece una dialéctica. Cuando esa dialéctica no
se da, aparece el subdesarrollo. Aquí, se ha impuesto el
individualismo de las personas y la falta de solidaridad también entre
los propios trabajadores.
- Es una cuestión de valores…
Y de conciencia, porque los valores van relacionados con la realidad social.
- ¿Cómo valoráis la huelga del 14N?
Es complicado valorar una huelga porque nunca sabes a qué aspectos
aferrarte. La mayoría de comercios de Premià estuvieron abiertos. No es
una huelga que haya surgido de la gente, sino de los sindicatos, y eso
es preocupante. Todo sirve para algo pero es necesario más implicación
por parte de la ciudadanía. Algo positivo es que por parte de los
pueblos también hay movilizaciones internas, no sólo en las grandes
capitales y eso hay que valorarlo como un avance.
- ¿Cómo definiríais la actitud del pueblo?
Por lo general, bastante pasiva. Y con temor. El que tiene trabajo tiene miedo de perderlo.
- ¿Qué esperáis del 25N?
Nosotros defendemos la democracia directa y la abstención activa
como medio de organización. Creemos que el 25N se ha planteado por
parte de los partidos con unos argumentos maneados que culpan siempre
al resto. Es un gran engaño, una gran cortina de humo que ha derivado
el diálogo social a una cuestión nacionalista. Las causas reales de lo
que está sucediendo son otras. Cuando todos tienen la misma política,
tienen los mismos intereses. Ese es el verdadero problema. Y la
burguesía está presionando demasiado porque ha perdido cuotas de
inversión.
Ni el nacionalismo que defienden es lógico ni lo es el federalismo
asimétrico porque se basan en unos valores que confunden a la sociedad y
que la dirigen hacia lugares muy inciertos.
Entendemos que debe haber un proceso. No se puede dar un portazo y
proponer la independencia cuando te da miedo hablar de ella. No es una
solución si se mantienen las mismas estructuras en el poder. La
independencia no tiene sentido si no se mejoran los derechos
democráticos ni si se reproducen los mismos patrones de Estado.
Con la abstención activa que proponemos, intentamos no legitimar
todos esos cargos políticos que nos han llevado hacia donde estamos.
Las decisiones de esos cargos van a estar dirigidas por algunos de más
arriba. Eso lo entendemos, pero no es lo mismo que voten 500.000
personas a que lo hagan 5 millones, porque entonces los partidos pierden
respaldo.
Es indignante la actitud política. Si nos tratan como tontos, al
menos nos tratan, pero es que creemos que ni tan solo nos ven así. Sólo
somos números que pagan impuestos.
Hasta septiembre la abstención era bastante alta y han usado la
excusa de la independencia para obligar a que la gente vaya a las urnas
a votar y se olvide de la verdadera realidad. Ningún partido se ha
planteado ninguna cuestión social y todos ellos han entrado en el
juego. Pero debe quedar claro que no se vota a la independencia, sino
que se vota a los partidos políticos. La sociedad debe de ser más
libre, más independiente pero no confundamos esos términos con lo que
nos están intentando vender.
- ¿Qué proyectos se están preparando desde la CNT de Premià?
Desde aquí intentamos concienciar a la gente del pueblo, formarnos y
formar a los ciudadanos para que conozcan sus derechos. Cuando hay
actos como los del 14N, salimos a la calle, que es donde se deben
solucionar los problemas. Intentamos mostrar los valores de los que
hablábamos antes.
Se ha organizado también una asamblea de parados y se va a intentar
dar solución a la problemática de estas personas. ¿Intenciones? Buscar
soluciones prácticas, cooperar, darle salida al tema de la vivienda y
del trabajo a nivel municipal. No entendemos la subrogación a empresas
externas cuando hay tanto parado en Premià, que supone la quinta
posición de más parados en la zona. ¿Cómo hacerlo? Mediante la
organización y valorando nuestras posibilidades. Sabemos que 30 años de
parálisis social pesan mucho y hay que inculcar una práctica y una
forma de lucha. Una manera de articular las voluntades. Queremos un
proyecto diferenciado y diferente, con posibilidades y abierto a la
gente. Queremos activar a una sociedad no movilizada. Desde la CNT,
apostamos por la abstención activa y por la democracia directa para
evitar los parásitos políticos.
- ¿Qué alternativas se proponen desde la CNT de Premià para salir de la crisis?
Hay que entender el sindicato como una herramienta social cotidiana, no sólo puntual.
La principal es crear unas estructuras de trabajadores que permitan
satisfacer nuestras necesidades básicas al margen de este sistema. En
otros tiempos, eso se ha llegado a conseguir. La gente tiene que comer y
dormir bajo un techo y el sistema nos está quitando unos puestos de
trabajo con los que podríamos pagar esa comida y esa casa en la que
vivir. Si el sistema nos lo niega, debemos ser nosotros quienes
busquemos soluciones. Hemos de ser capaces de crear conciencia porque
somos nosotros quienes creamos riqueza. Eso no hay que olvidarlo.
La jornada reducida también creemos que es una buena propuesta. Ya se demostró después de la crisis del 29 en Estados Unidos.
Tampoco podemos consentir que el trabajador pague más que las
grandes fortunas y gane menos. El IVA lo paga igual un trabajador que
cobra 800 euros que una persona que cobra 2000 y ahí hay algo que
falla. Los gastos superfluos (de policía o políticos, entre otros)
también son innecesarios en gran medida. Es desmesurado el gasto que
suponen. Y si a eso le sumamos la actitud policial, por ejemplo… El
pueblo tiene que ser libre para poder expresarse. Ellos utilizan el
concepto de profesionalidad para excusarse y defienden más al Estado
que a los ciudadanos.
Pese a todo ello, somos optimistas y aún viendo todo esto, aún
comparando los míseros salarios del pueblo con los de la élite
dominante, esperamos que la gente saque una buena lección de todo esto.
Deseamos que la gente nazca con la cultura del sentido común, que se ha
perdido paulatinamente en los últimos años. Hay que construir en base a
las condiciones de la sociedad y del medio ambiente. Construir con
conciencia. Y no se puede permitir que en épocas de bonanza no te
preocupes por tus derechos. Este país necesita volver a recuperarlo
todo, volver a ser autosuficiente. Un país que no es autosuficiente es
un país condenado al fracaso.
Y hay que entender el sindicato como una herramienta de solidaridad
y de lucha. No podemos escapar del sistema porque estamos dentro, pero
podemos funcionar de forma paralela. Hemos de demostrar que trabajando
cooperativamente podemos fabricar lo necesario para cubrir nuestras
necesidades básicas. El trabajador tiene que ser el mejor trabajador y
el mejor compañero. Sólo así vamos a avanzar.